domingo, 22 de diciembre de 2019

La ultima copa de Tatiana -re editado.

 



Me encontraba esperando a mi prometido. El muy pícaro se detuvo a conversar con otra chica al final de la barra y yo, mientras lo esperaba, simplemente reflexionaba acerca de mi papel protagónico esa noche. Me veo muy seria, lo acepto. Pero era lo único que me daban ganas de hacer en ese lugar. La fotografía la tomaron precisamente cuando comencé a probar el vino de mi copa. ¡Qué traidores...! Te seguiré contando lo que pasó.


Cronícas del Blues

Portada del diario donde aparece Tatiana sentada en la barra. Lleva un abrigo de terciopelo negro,  y sombrero francés, sujeta una copa de vino a medias. A su lado un caballero vestido de traje y sombrero suspira palabras al su oído. Al fondo algunos hombres más jóvenes le miran de reojo.

Me preguntaba si habría seguido el libreto tal y como me ordenaron tantas veces.

“¿Habrán sido interpretados mis gestos en tarima como una burla subliminal? Eso sería un buen pretexto para no aplaudirme hoy… no es por eso, debe ser por otra cosa”, pensaba en la barra.

¡Cuánta falta me hacía un cigarrillo esa tarde! Así que mientras esperaba a mi prometido, seguí pensando más cosas, dándole vueltas al asunto.

“¿Por qué me rechazaron hoy? ¿Por qué hoy, después de tanto tiempo en este teatro?”, recuerdo que me pregunté.

Debió ser el germen de la chabacanería; sí, eso fue. Sin duda alguna, se había contagiado el público entero. Todas esas personas que me reconocen como una actriz de calidad, contagiadas ahora.

Seguí pensando... “Mírenlos hoy, ¡negando mi veteranía! Desdoblándose para ser unos simples seres etéreos que niegan la esencia misma de la belleza en un arte como el de la actuación. Solo un tonto se deja llevar por su propio mal entendimiento. Lo malo es cuando ese tonto esparce por su vileza ese sentir, contagiando a todos”.

Me sentí decepcionada cuando me retiré del escenario esa noche; sabía que mis enemigos de alguna manera ganaban la admiración de sus seguidores. Que algo andaba mal. Por eso decidí entrar en la barra, para despejar la mente. No sabía que mi prometido me estaría esperando ahí. Bueno, él tampoco sabía que cancelarían mi participación a esa hora.

¡Usurpadores, jamás podrán desarrollar mi personaje con la calidad que me distingue! Tengo que reconocerlo, esa noche fui un pretexto más para justificar sus estilos de producción. No son nadie si no tienen con quién sacar publicidad. Está bien, si la desmesura es su norte, si lo de ellos es “remover”, pronto sabrán cómo se remueven las cosas en este país.

“Son solo una banda de ineptos sin control”, recuerdo que repetí en voz baja, apenas moviendo mis labios. Lo único que hablé allí parada. Todavía a mi lado permanecía callado el otro sujeto, el del sombrero. Ya te contaré quién es.

Una copa de vino fue suficiente para olvidar que esa fue la noche que me despidieron esos imbéciles. Mi papel protagónico, perdido para siempre. No tenía ningún motivo para reír esa tarde; no sentía deseos de nada ni de ser nadie en el mundo. Y mi mundo solo era el personaje que protagonicé todas las semanas, eso era todo para mí. ¡Cómo se atreven contratar actores de baja categoría y ponerlos en mi lugar! Este es mi final, no puede ser. ¡Cómo se atreven a publicar esta fotografía en los periódicos! Sí, era lo único que pensaba mientras esperaba a mi compañero, eso era todo.

¿Sabes qué? Hoy siento que me silenciaron, porque me insinuaron que debo entender que mi personaje será interpretado por la desmesura hecha verbo, y que convirtiéndome de inmediato en una sombra ahora inservible, sería yo entonces como un adorno más en la repisa que categorizara esta nueva tendencia, sí… yo y todas las que pasen por algo similar a esto. Pero ya verán, ya verán…

Mientras rozaba mi copa con la punta de los dedos, trataba de olvidar por un segundo el sinsabor de mi sorpresiva despedida. No mencioné ni una sola palabra en esa barra. No sé de dónde sacan la noticia de que desaparecí del teatro. Si tengo hasta el boleto del estacionamiento… Pero ya verán…

De repente me habló Isidro, el sujeto que aparece parado a mi lado en la foto. Un representante reconocido, al que rechacé simplemente por egoísmo. Sí, es ese él sujeto que se posó a mi lado. Para el tiempo en que se me presentó por primera vez, también representaba a la grandiosa actriz europea Laura Miatts. Suficiente carga para mi mentalidad de estrella novata, así que lo rechacé. Y si algo no quiero olvidar de esa noche lo fue el piano bar y su virtuosa interpretación de “Blue Walk”, de Lou Donaldson. Hasta me animé a cantar. Por lo menos pude aferrarme a algo decente después de tanta locura. Mira, mira esa foto, no le temas. Mira, mira esa fotografía de nuevo. ¿No te dan miedo? ¡Dónde estaría hoy…!

—Debes montar otra obra de inmediato, necesitas nuevas funciones —me comentaba en voz baja Isidro, luego de apresurar su copa de un solo golpe—. Nadie lo hará por ti esta vez, y mucho menos te invitarán a las audiciones. No tienen tu calidad y eso sencillamente los enfurece. Tienes la mirada de una estrella, por eso te odian. No luches contra eso, acéptalo. No pienso estar aquí parado hasta que llegue tu compañero, piénsalo. Yo pondré el dinero y un buen guion.

Presté un poco de atención a sus palabras… si tan solo él supiera lo que pienso hacer. Pero ese no era el momento para negociar, solo quería pensar en mi trabajo, en el público que me aplaudía, en las luces brillantes de mi camerino. El mismo que le obsequiarán sabe Dios a qué novata; el camerino que no tendré jamás. Y todavía se atreven a decir en la nota del diario que me entrevistaba un investigador policiaco. ¡Caterva de crápulas! Pero ya verán, ya verán…

 Te sigo explicando. A mis espaldas algunos hombres de negocios que escuchaban la conversación se entrometían , haciendo comentarios acerca de un posible futuro para mí. Era una voz que pude reconocer. Ese que pude escuchar era simplemente un hombre sin ideas. Solo tenía dinero, pero no el guion necesario para promover una clase de actriz como yo. Así que cuando pensaba en sus propuestas, en las obras que solía promover, sabía que no tenía nada. Y los teatros que tenía bajo su tutela eran simplemente salones de reposo para narcisistas. Por eso, sus comentarios no provocaron en mí absolutamente la mínima reacción.

 —Bueno, me tengo que retirar —repetía Isidro agitando las llaves dentro de sus bolsillos—. Dime si aceptas mi oferta o no. Te prometo un guion excelente, con escenarios alumbrados por más de diez técnicos. Todo un taller de escenografía. Saldremos de gira por toda Europa. Él no te dará nada, obsérvalo, echa un vistazo hacia atrás. Míralo ahí, con el gorro que lo distingue. No te equivoques… es él, el nuevo gerente de tu teatro… ahí tomando copas luego de despedirte. Reconoce lo que es, solo una marioneta más de la mercadotecnia, esto es un simple juego de azar para él. ¿A qué se dedicaba antes de esto? A nada. Pasó toda la universidad despilfarrando el dinero de sus padres. Luego tomó un curso de fotografía. Enseguida publicó un magacín que llevó a la quiebra. Y ahora con el dinero de sus padres pretende comprarse otra personalidad más. Y en cuanto se entere de otra profesión que lo situé a la moda, dejará todo esto y a los que trabajen con él. Y estoy seguro de que va a querer producir cine. Solo compra y vende funciones a su conveniencia.

       Ah, ¡qué opulento se ve! ¡Cómo se escucha hablando como todo un hombre de negocios! Pero al cabo nos manda al diablo y con el dinero que tiene se retira de vacaciones alrededor del mundo, a calmar su estrés. Mira, te digo que dura seis meses aquí. Porque el juicio del chabacano, si dado por dioses o por la gente, puede ser pospuesto, pero no prevenido.

 Al terminar la súplica, Isidro optó por echar un papel con su número de teléfono en uno de los bolsillos de mi chaleco, por lo cual permanecí estática para no provocar insinuaciones. Eso fue todo lo que pasó. No quise ni mirar hacia atrás. Pero claro, ellos saben la clase de producciones que logra este productor, y por eso fue tanta la rabieta para desprestigiar más mi imagen. Por eso publicaron la fotografía. Pero ya verán, ya verán...

 —Serás famosa nuevamente por tus destrezas artísticas; no vas a vender tu arte a ilusionistas de baja categoría —concluyó Isidro.

 Cuando él se retiró me quedé algunos minutos reflexionando. Me percaté de la leve lluvia y de que el crepúsculo dominaba todos los colores de la calle. De hecho, desperté de mi reflexión al mirar a través de aquella puerta de cristal. En cuanto se acercó mi pretendiente lo tomé por el brazo y salimos del local en dirección a su moto. Le di un beso muy tierno y el, me cedió su casco. Luego nos retiramos. Eso fue todo, pero ya verán, ya verán…

FIN

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